He aquí una adivinanza: un hombre que no es hombre, viendo y no viendo a un pájaro que no es pájaro, posado [y no posado] en un árbol que no es un árbol, le tira y no le tira, con una piedra que no es una piedra.
Clearco.
SIN GARANTÍAS, SIN GRAVEDAD, SIN LÍMITES:
LA “EMANCIPACIÓN” DEL SER.
OBJETIVO
Crear en el analizante, entendido como especie –sin tiempo ni espacio–, una sensación de vacío cuya (auto) comprensión pueda despejarle el camino hacia la trascendencia. La sensación de vacío será generada a partir del estudio de las grietas halladas en el plano de consistencia.
A diferencia de Joyce[1], y para mantener la sugerencia (ver infra) esencial del trabajo, no se realizará ningún resumen ni clave ni esqueleto ni esquema de esta obra. Sin embargo, la proposición es ir deconstruyendo, junto con –y en– el microcosmos del lector, el significado de la obra, qua conjunto integral y total. El triunfo o superación de esta deconstrucción engloba, como objetivo lateral e improbable, a la emancipación del ser, y el entendimiento de una nueva real realidad. La posterior felicidad es el epílogo que cada uno “escriba”.
APUNTES METODOLÓGICOS
Este trabajo es intencionadamente asistemático. Sin embargo, y a pesar de esta arquitectura, voy a expresar una estética convencional y tautológica. Quiero llevarme bien con el lector, y analizante y actuante de estas líneas. Para ello, mi manera de comunicarme será una acción escrita de una pretensión de validez per-participante –activar una acción en los analizantes–, procurando una participación activa de quienes me acompañarán en este viaje descontructivo.
La teoría de la referencia establece que toda expresión [en sociedad] tiene su significado que le otorga un marco de sentido que determina la referencia. Un signo significativo tiene que estar en una determinada relación interna con una estructura. El contexto dónde se realiza un hecho es de altísima importancia porque el ambiente afecta al marco. Las proposiciones tienen significado pero carecen de la dicotomía verdadero – falso ya que ésta depende de la referencia. Luego, la creación nos obliga a ser garantes, a hacernos responsables del sentido que generamos, logrando un orden que le confiere identidad a la obra. La significación de un término es su uso, y el significado de este trabajo queda librado al uso que cada uno le sepa dar.
Una proposición (o esta modesta compilación de ideas aquí presentada) que pretende sugerirlo todo carece, obviamente, de garante; como decía Lyotard, “la totalidad no es mostrable”. Id est, que “el hombre es el microcosmos”, según Wittgenstein. Porque cada uno es su mundo personal y su marco de razón es privado y único en un mundo despoblado. Los límites del lenguaje son los límites de este microcosmos (mundo propio). Esta simetría explicativa es claramente una tautología de la que no se puede salir.
Sin embargo, yo me comprometo a enmarcar mínimamente el conjunto de símbolos utilizados, para garantizar la comunicación.
Escribir es viajar. Y yo acepto el desafío que el lenguaje escrito me propone: toda persona con capacidad para leer y escribir tiene autoridad para evaluar, juzgar y atacar o defender el trabajo. De cada quien depende la posición que se tomará respecto del sentido de esta obra. Sin embargo, espero poder abolir la dicotomía entre las potencias del alma que son el conocimiento (episteme) y la opinión (doxa).
La “regla” básica de este juego literario sí tiene una base positiva, cuya comprensión es la llave de ingreso a la lectura horizontal y evita el peligro del poder. Esa regla es asumir que todo está sugerido. Por lo tanto, los trazos de la construcción contemplan no sólo los acontecimientos y sucesos de quien escribe –interviniendo nada más para condicionar con su estilo la obra–, sino, que también están contemplados los recuerdos de los lectores. Así es como se dará forma a la sugerencia absoluta.
El arte que aquí se podrá leer –y vivir– busca ambiciosamente la trascendencia, a través de una lógica paradójica que nos (debo incluirme) llevará por las cuatro dimensiones conocidas con el propósito de encontrar una grieta en el camino hacia una quinta protodimensión. A cada paso –hay que estar preparados– la ipseidad del ser se nos volverá crítica y recurrente hasta el hartazgo.
A lo largo del viaje encontraremos, principalmente, epigramas, aforismos, notas, pies de páginas, versos, máximas, entimemas y parábolas. Esperando generar angustia, goce y comprensión que lleve a la satisfacción y a la realización final.
Clearco.
SIN GARANTÍAS, SIN GRAVEDAD, SIN LÍMITES:
LA “EMANCIPACIÓN” DEL SER.
OBJETIVO
Crear en el analizante, entendido como especie –sin tiempo ni espacio–, una sensación de vacío cuya (auto) comprensión pueda despejarle el camino hacia la trascendencia. La sensación de vacío será generada a partir del estudio de las grietas halladas en el plano de consistencia.
A diferencia de Joyce[1], y para mantener la sugerencia (ver infra) esencial del trabajo, no se realizará ningún resumen ni clave ni esqueleto ni esquema de esta obra. Sin embargo, la proposición es ir deconstruyendo, junto con –y en– el microcosmos del lector, el significado de la obra, qua conjunto integral y total. El triunfo o superación de esta deconstrucción engloba, como objetivo lateral e improbable, a la emancipación del ser, y el entendimiento de una nueva real realidad. La posterior felicidad es el epílogo que cada uno “escriba”.
APUNTES METODOLÓGICOS
Este trabajo es intencionadamente asistemático. Sin embargo, y a pesar de esta arquitectura, voy a expresar una estética convencional y tautológica. Quiero llevarme bien con el lector, y analizante y actuante de estas líneas. Para ello, mi manera de comunicarme será una acción escrita de una pretensión de validez per-participante –activar una acción en los analizantes–, procurando una participación activa de quienes me acompañarán en este viaje descontructivo.
La teoría de la referencia establece que toda expresión [en sociedad] tiene su significado que le otorga un marco de sentido que determina la referencia. Un signo significativo tiene que estar en una determinada relación interna con una estructura. El contexto dónde se realiza un hecho es de altísima importancia porque el ambiente afecta al marco. Las proposiciones tienen significado pero carecen de la dicotomía verdadero – falso ya que ésta depende de la referencia. Luego, la creación nos obliga a ser garantes, a hacernos responsables del sentido que generamos, logrando un orden que le confiere identidad a la obra. La significación de un término es su uso, y el significado de este trabajo queda librado al uso que cada uno le sepa dar.
Una proposición (o esta modesta compilación de ideas aquí presentada) que pretende sugerirlo todo carece, obviamente, de garante; como decía Lyotard, “la totalidad no es mostrable”. Id est, que “el hombre es el microcosmos”, según Wittgenstein. Porque cada uno es su mundo personal y su marco de razón es privado y único en un mundo despoblado. Los límites del lenguaje son los límites de este microcosmos (mundo propio). Esta simetría explicativa es claramente una tautología de la que no se puede salir.
Sin embargo, yo me comprometo a enmarcar mínimamente el conjunto de símbolos utilizados, para garantizar la comunicación.
Escribir es viajar. Y yo acepto el desafío que el lenguaje escrito me propone: toda persona con capacidad para leer y escribir tiene autoridad para evaluar, juzgar y atacar o defender el trabajo. De cada quien depende la posición que se tomará respecto del sentido de esta obra. Sin embargo, espero poder abolir la dicotomía entre las potencias del alma que son el conocimiento (episteme) y la opinión (doxa).
La “regla” básica de este juego literario sí tiene una base positiva, cuya comprensión es la llave de ingreso a la lectura horizontal y evita el peligro del poder. Esa regla es asumir que todo está sugerido. Por lo tanto, los trazos de la construcción contemplan no sólo los acontecimientos y sucesos de quien escribe –interviniendo nada más para condicionar con su estilo la obra–, sino, que también están contemplados los recuerdos de los lectores. Así es como se dará forma a la sugerencia absoluta.
El arte que aquí se podrá leer –y vivir– busca ambiciosamente la trascendencia, a través de una lógica paradójica que nos (debo incluirme) llevará por las cuatro dimensiones conocidas con el propósito de encontrar una grieta en el camino hacia una quinta protodimensión. A cada paso –hay que estar preparados– la ipseidad del ser se nos volverá crítica y recurrente hasta el hartazgo.
A lo largo del viaje encontraremos, principalmente, epigramas, aforismos, notas, pies de páginas, versos, máximas, entimemas y parábolas. Esperando generar angustia, goce y comprensión que lleve a la satisfacción y a la realización final.
SIN GARANTÍAS, SIN GRAVEDAD, SIN LÍMITES:
LA “EMANCIPACIÓN” DEL SER.
Afectar
Aliso mis ideas; el horizonte
gobernado por fervientes anhelos,
une con el cielo de mi esperanza
sólo a quien me regala este presente
tan derramado de placeres reales.
Iniciar una inteligente sólida y sincera importante página
no es escribir el aires, es definir
a la persona para compartir
todos los inolvidables momentos
entre la fugacidad y la vida.
Ahí, donde yo pierdo el infinito
muéstrase tu imagen. Estar con vos
o sentirte es besar la eternidad.
La calidez de tus labios
y el contraste de tu concepto.
Mochila
Los días son pesados, como atados
a un tiempo pretérito que prefiero
no recordar. El fluir del río de hielo
es la salvación. El calor del tiempo,
el lugar de la muerte.
El tiempo es inasible como el instante
éste, cuando mi lápiz recorre mi liso ser
como si fuera de papel.
No doblar en los momentos aciagos,
para mirar que el cambio existe con identidad;
y es para todos aunque cambie uno. Saberlo
y esperar es posible; inalcanzable sensación.
Todo llega mientras haya magia capaz
de mover la pesada carga del ayer.
Despertar
El suave día me señala su crepúsculo
el alba desdibuja la tarde, muy tarde.
Aprendo a ser mariposa soñante, para siempre.
Aprendo que la “realidad”, en realidad, no es la ““realidad””.
Me ofrecen que vuelva a ser chico para pensar.
Pensar ya no es cosa seria. Apolo me abandona,
una vez al fin. Pero los límites no se van con él.
Cuando era un niño, pensaba sin límites ni racionalidad;
ahora que el tiempo pasó (creo) no pienso
sin garantías. No pienso. La necesidad hace al goce.
Los límites son el placer de los que no piensan. Todos.
La debilidad de mi memoria ecléctica
sólo cree en el reflejo de los años;
que los años no pasaron no es más cierto
que los pensamientos de antes han muerto.
Veo que todo, o casi nada, es reflexivo;
intuyo que el “bien” siempre vence al “mal”
y que lo malo es inmune a los ataques
que el otro bando le propina.
Toda intuición es una expresión de deseos.
Veo que ya no existe ni el bien ni el mal. No veo,
prefiero no ver. El hombre de la máscara
pasa inadvertido en el terreno del disfraz humano.
Y el tiempo ya no sabe dar la espalda;
la preferencia por el temor a la paradoja del otro
avanza hacia los corredores que fluyen paralelos
a los relojes y al viento. Soy una mariposa, claro,
no me importa la pregunta, si no sueño igual duermo.
Porque lo que aprendo es a elegir
la realidad que más me gusta.
Siempre que despierto decido si aún sueño o si sigo
en el mundo de las pulsiones inconscientes que ese espejo me regala.
Porque cuando duermo se cierra el día
que no supe ni sabré habitar, en este onírico mundo:
Nada más placentero que despertar para empezar a soñar.
El Tótem y el Apocalipsis
Los umbrales son la frontera entre vidas:
la que quiero vivir y la que me persigue.
Nunca podemos conocer el lado real en el que estamos.
Ahora, la dicotomía es imposible estar o no estar.
Ahora la oposición es guerra, es apocalipsis.
Lo masculino, el poder, la estéril virilidad.
Ariadna persigue a Teseo, y éste al Tótem central,
el asesino está solo, el minotauro lo encandila;
el rito, el juego, la diferencia, el mito:
el descifrar lúdico de la posteridad.
La máscara de los jueves de víspera
le dan sentido a lo que no es.
El Sol, Dios; todo es una farsa. Domingo no más.
Los grupos de esta maquinaria de guerra reclaman al filósofo – fiador
que detenga la vorágine de la filosoforgía,
existente ahí donde surge el diálogo, en Babel.
Los opuestos se alejan, el umbral se interpone:
el horror del más allá nos entrega estremecimientos.
Sabemos qué hay atrás de los límites pero no vemos
a través de los umbrales sobrecogedores y sobreprotectores del tiempo.
Todo límite requiere la posibilidad del movimiento,
y éste vive del devenir. No hay límites fuera del tiempo.
El tiempo no tiene límites, tiene umbrales irreversibles, sin vuelta atrás.
Y aunque me guste volar libremente,
sólo soy feliz si puedo planear como un barrilete;
seguro de que el hilo termine en el Otro; mi Otro.
El Tótem es el garante ¡Qué viva el Tótem! (Que ya ha muerto)

Todos somos todo
¿Cuál es la diferencia entre el garante,
que está en el umbral, y el Leviathan,
que sólo está si unos cuantos individuos deciden
todos al mismo tiempo que necesitan garantías? ¿La autorreflexión es impune?
¿Quién dice que la dulce verdad no es mentira? ¿Qué es la cadena de eslabones?
¿Cuál es el eslabonamiento pertinente?
¿Cómo?
¿Quién garantiza que el accionar del garante sea congruente?
¿Qué garante “la trama empieza”?
El Peligro de la Noche Seiscientos y Pico...
Aquí también quiero suavemente escribir
una historia lineal; la línea del tiempo
estático. La historia describe a un hombre
que escribe, en una noche de otoño, una historia.
Una historia cíclica. Un cuento que relata cómo un hombre
de otoño escribe unos garabatos incomprensivos.
Ese hombre otoñal garabatea la historia
condicionada por la historia de quien escribe
el relato de este sujeto que escribe su historia.
Y condicionada por todos los hombres y todas sus acciones.
Condicionada por las vanas erudiciones de Las Mil y Una Noches,
y por todas las erudiciones. El relato despierta la imaginación,
en tanto, que las letras son su extensión.
Este cuento surge del ingenio
de otro personaje ficticio que recrea una leyenda mágica. Este ficticio
hombrecito lejos esta de la persona real que crea creativamente,
y piensa el plan de liberación de sus personajes
atrapados en la historia circular que relata
la vida de una pluma que traza sus líneas
para darle forma a la historia.
Está en el extremo opuesto, pero los extremos se tocan.
A esta historia lineal, donde el que escribe es el hombre
escrito; cada letra cambiará el orden universal;
aquí y allá el acontecer del individuo escrito
modifica la vida de todos los hombres: los escritores.
Ya Borges vio el peligro de la noche DCII: todos somos personajes.
Onanismo Político
Lo político no es más que una pelota de humo,
dicen aquellos que aman el caos. El caos es amor. Afecto.
La inasible política quema los ojos de los atrevidos que la espían.
Por eso amamos a quienes dictan sinsentidos, para no verlos.
Este coqueteo convierte a la histérica política
en una política intrapolítica, u homosexual
ordenamiento de comunidades apolitizadas.
El hedonismo narcisista de los políticos
esconde, tras de sí, el velo que tapa lo invisible
del goce por el poder. El onanismo político
hace de los pueblos presas de sí mismos,
determinados por una arrealidad, realidad arracional, que no pueden ver
pero sí tocar: el goce o sufrimiento de no querer
tocar lo que no se puede sentir, o la voluntad
de no entender lo que hay en las memorias colectivas.
La defensa sólo es consecuencia de la hegemonía ofensiva de lo ilocucionario.
Si la imaginación es la solución, la realización
es un supraplacer imperceptible. La esperanza perlocucionaria. Nuestra
felicidad es la utopía nuestra del Otro.
El deseo crea y convierte un topos para quien no
busca pero materializa la perfección absoluta de despertar.
Lenguaje nos da “realidad”
Sueño que escribo sobre los sueños: ¿cuál es mi pretensión
de validez? El lenguaje es sólo una apuesta de confianza.
Desde el desconocimiento de que soy el protagonista
del mundo, hasta la ignorancia de que soy invisible.
Yo hablo, tengo voz con significado, por eso confío
en que habito los intermedios. El escalón siguiente
a la equivocada primera persona del “cogito”.
Todos saben que no es así, pero todos juraron callar.
En los sueños me encuentro en batallas don yo soy
todos los hombres y debo dar muerte a todos los demás...
La paranoia es inevitable, como el “incesante hierro”.
Empuño mi espada contra ellos destruyendo mi apuesta, todas las apuestas.
Al abrir los ojos en mi lecho de muerte, el fantasma de lo absoluto ha dejado,
a mi lado, mi espada más sucia de sangre que la flor de Coleridge.
Poética
Hoy siento profundo dolor ¿la solución? El afecto, de nuevo.
La fuerza, el poder y la potencia del acercamiento
a las personas. Construir un mundo fraternal,
donde crezca la vida de los nómades. El signo,
sedentario límite de los sentidos significantes, no tiene mi lúcida
comprensión de planear sobre la realidad y lograr
una visión completa de cosas relativas.
Cambiar mi estado de ánimo. Otra energía.
De dos formas puedo lograr este cambio:
Esperando, de brazos cruzados, que la simple evolución
de la trama me conduzca por el sendero probable
de un alma rica y afectiva, cerca del mundo y atado al cerrado signo.
O, procurando que la revolución cause el camino;
el cauce de la revolución y el camino de la novel energía,
de los cuales debo ser arquitecto.
El azar –el tiempo lo anula– y la peripecia; la fortuna y la virtud. La tragedia
y la poesía. Los trazos y el papel. La pasión y el estilo.
Y, como un Dios, me persigue la pregunta: ¿cuál es el éxito?
El éxito no es azar, no es evolución. El éxito es la
obra humana que revoluciona la estructura del placer.
El fracaso del dolor es el primer motor inmóvil para hallar
el éxito de la poesía. Depende de Alguien, Quien conjuga
el verbo en Primera Persona, conseguir las grietas que iluminen
mi andar. Abandonar el dolor, es ser parte del orgasmo
estético que hay dentro de la Belleza. El carácter me
puede salvar, pero la contemplación incluye la gratitud.
Soy una comedia, si no me mueve la tragedia.
Las dicotomías farsantes de la existencia encuentran
su esencia en la lástima coherente de la substancia.
Un corazón renovado es la perfección del enigma. El acertijo,
que nos presenta “la senda futura y recorrida”,
no tiene solución. La evolución concretará la revolución.
Los sentidos sin escalas
¿Vemos lo que creemos, o queremos ver lo que podemos?
Detrás de cada acto se encuentra el poder.
Escondido en el poder se encuentra acorralado el amor.
Aliso mis ideas; el horizonte
gobernado por fervientes anhelos,
une con el cielo de mi esperanza
sólo a quien me regala este presente
tan derramado de placeres reales.
La “política” de lo virtual, a modo de explicación
no escriban todo lo que decimos, ok, voy a escribir lo que no dicen: un espacio para creer que la nada es posible, que se puede ser serio sin tomarse las cosas en serio, que la política está más allá de lo real como un reflejo de las relaciones sociales que se estampa fuera de los límites del espejo de la vida, planos y mapas de consistencia e inmanencia y trascendencia, garantes mudos, ¿lo qué?, la inmanencia menos la consistencia resulta “positivo”, ¿lo virtual?, mira la cosa, ¿cuál?, ¡ésta!, generar desde el no entender, teatro mágico sólo para locos la entrada cuesta la razón no es para cualquiera, me gusta el grado n y el cero y el cero menos uno pero me siento atrapado en uno dos tres sin embargo todo lo que escriba en este lugar después de la última palabra será en grado cero menos uno quizá, la hospitalidad como hostilidad adentro, la imposibilidad de lo absoluto lo agnóstico, sin distancia no hay contacto y parar de leer para contactarnos levantar la mirada y repensar, perdonar las mayúsculas de Morfeus, esperar a Teseo en el núcleo del laberinto, voluntad memoria y entendimiento voluntad de voluntad de quedar afuera del aforismo, eeeeeh, no será mucho, ¿qué se armó?, Hume, ¿qué se arme qué cosa?, aquí re allá do mi fa sol la sí, asustarse de los sueños, el afecto la idea la angustia significado y esencia, escribir una oración que al final termine en el comienzo de sí misma para el sentido circular de los símbolos, el mundo como segundo término de una metáfora incompleta una comparación cuyo primer término se ha perdido retirémonos, metonimia, no hay tiempo para hablar del presente, decir el amor como un sujeto narcisista, sin rima sin métrica pero con mucho ritmo, zzzz, hay que escuchar lo que se lee porque el pensar se arrastra, a ver, ¿qué sucede?, escribir en el vacío a la deriva sin rumbo sin criterio sin lógica lingüística discernible escribir para vivir por vivir buscar la salvación en cada silencio en el amor a las cosas están las grietas en el latido del alma se refleja el sentido de las derivas por las que pueden evitarse las decadencias dónde está el sentido o la entrada de significado para entender el des–orden ahí donde nuestras vicisitudes marquen, la razón en el mundo sin razón es arracional la razón también es convencional, la genialidad se esconde dónde cualquiera quiera hallarla la genialidad requiere transpiración, asumir lo siguiente: escribir es la forma más difícil de impresionar con arte, cada personaje tiene su ritmo, claro, el extranjero es hostilizado especialmente por sí mismo, la palabra “va”, ¿a dónde? requiere de un marco de referencia, parergón, sin lector no hay libro, a menos que Dios exista, a propósito ¿qué dios detrás de Dios la trama empieza?, el medio para lo nuevo es la capacidad de sentir el caos, de romper con el ritmo repetitivo creer en el caos es abrir la puerta a todos los medios ¿el poder de la noche? ¿el símbolo del poder? ¿la oscuridad? ¿dónde estoy? ¿hay alguien aquí? no es divertido, por favoooorrrrrrrrr
La pelea de siempre
El lugar de lo virtual es tan real
que el dolor de cabeza, sórdido e imprevisto,
no me permite creer en la realidad.
Todo, todo absolutamente, está en “lo” real o en lo “real”. Eso, si todo está.
Parménides y Heráclito se cruzan, a la vuelta de otro círculo temporal, portando nuevas identidades allá por mil novecientos noventa y tantos... Y mantienen un diálogo que logré escuchar por “azar” (digo yo tomando posición de interés). La continuación de la interminable discusión decía, más o menos, así:
–El determinista (P): ¿Otra vez por aquí?
–El amigo de lo mojadamente imprevisible (H): Sí, pura casualidad.
–P: No existen las casualidades, mi amigo. Siempre hay razones muy claras para las cosas.
–H: Me sorprende, ¿de qué cuernos me habla? Además, apenas si lo conozco. Sepa que sólo ando estirando las piernas.
–P: No le funciona: usted sigue siendo un tipo muy bajo.
–H: Muy gracioso... Aunque le falta sentido a sus palabras, sentido del humor no le falta. Lo que sí le falta es información. Usted es de esa clase de sujetos –y muy sujetos– que tienen una posición satisfactoria con información incompleta, en la “seguridad” de que podría optimizarse su posición en un tiempo infinito: “a más tiempo más información, en un tiempo infinito habrá información plena”. Pero, ¿sabe qué?: ¡PAMPLINAS!. En la medida de que no todas las personas crean esa pavada, y eso siempre será así, existirá gente que luche por verdades concretas, en vez de determinismos imposibles e ideales.
–P: He aprendido a vivir con ello. Pero la sola posibilidad –si todos fueran como yo–, de que exista un mundo totalmente determinado me sugiere que al menos hay un mundo supradeterminado.
–H (completamente fastidiado): Mire, hay algunas generalizaciones que se pueden hacer: si usted es un hombre tímido para levantarse minas, no necesita justificarlo filosóficamente. Y menos a mí, que no me conoce. Chau... le desearía suerte, pero... que más da!
–P: ¿Todo lo contradice usted? No se vaya... ¿Por qué se va? Ya se fue... En fin... Era obvio, se le notaba en la cara, este hombre no entiende nada...
–Un tercero (que pasaba por ahí, que bien podría ser un nuevo Diógenes): Disculpe, buen hombre, ¿puede dejar de hablar solo y dejarme pasar que está entorpeciendo mi paso?
El dolor requiere presencia
Corren como locos, el fanatismo. La guerra.
La tropa y el público se mimetizan entre sí. Sálvese quien pueda,
otra estrecha relación entre el poder y la locura.
La culpa, la madre: la adhesión al contrasentido presupuesto en el Otro.
La vida hace las veces de campo de batalla.
Y la culpa es la lágrima hecha hielo de sangre.
El pasado y el recuerdo fluyen en el presente y conforman
los ladrillos de sentido, que la culpa transforma en deseo,
y desplaza el goce hacia el dolor.
Si se concretan las pesadillas se “pierde” la culpa.
La imitación nos satisface hasta la guerra injusta
que hace sangrar a las naciones hasta desarmarse.
Y esa sangre no tiene valor desde la emancipación.
El poder es la generación de dominación en otro. El poder simboliza la debilidad
mayor de el ser humano. El poder es el goce de la inseguridad del hombre.
La paz puede resultar del poder, pero esa paz no existe.
Martillar las mentes y picar las ideas del sistema
es el reclamo más fuerte para exigir
a los amedrentados que revolucionen la estructura viciosa.
El amor a la madre y la lealtad sexual a su imagen
desarrollan el apetito de gozar con el temor
de su desaparición permanente, que lleva a reemplazarla
constantemente con imitaciones. La muerte
propia está en cada sustitución.
Por eso luego nos reemplazamos nosotros en nuestra prole.
La muerte se esconde, entonces, en la belicosa sociedad.
El eterno regreso a la protección materna se presenta
como una viciosa solución.
La flor que crece sin espinas y buena voluntad
es devorada por la flor hobbesiana que traiciona
el imperativo categórico del respeto y la autolegislación.
El reemplazo es la espina que nos devora de culpa
y perplejidad: rodeándonos de muros,
con la espalda en la pared, anulada toda posibilidad de acción y reacción.
Sin referencias a la vista.
¿Qué significa una puta en la vida de un hombre?
¿Qué diferencia hay entre una madre desplazada y una puta?
La ausencia de las distinciones nos fastidian y duelen hasta el suicidio.
Superviolencia y contrasexo. Amar y matar.
Y la culpa cada vez más rutilante en cada ciclo
de la vida, ya no se puede purificar ni a través de Dios.
Nuestra madre se transforma en serpiente de culpa
en cada insolente desplazamiento. Y el poder se hace violencia.
El muro y la ausencia mental de la droga nos esconden la “realidad”
imposible de cambiar de idea.
La culpa, el remordimiento, el arrepentimiento, el perdón y la nada atemporal.
El silencio se presenta como la peor respuesta a nuestra
expiación. La autosalvación es sólo atroz.
No podemos ver la locura propia en los ojos de la locura ajena.
El sol sólo puede salir para los que no lo ven. La noche
es el hábitat del conocimiento de la consistencia.
Ocultar al garante de nuestra vida su intercambio, es la justificación de las fiebres
que nos llevan al podio y al éxtasis del éxito.
Nos componemos de una degradante descomposición de las partes
que nos componen descomponiéndose...
El fanatismo despersonaliza para que corramos desesperadamente.
Añoramos que el laberinto de la vida sea circular para que no nos condenen
a salir afuera del adentro de los muros que nos martillan.
El mejor castigo es el peor remedio: una perfecta libertad,
con la obligación de ir aprendiendo.
Métrica
El detalle está lejos de la verdad,
la “existencia” enseña que no hay realidad.
La fútil inteligencia generada
en la negación de la cultura activa
concluye en una racionalidad quemada,
por los fuegos castrantes del goce sexual.
La angustia social, producto de la histeria
colectiva, es desplazar deseos grupales.
Quejas por detalles de maquinas bélicas
es la obsesión de la impune sociedad
desplazada en nuestra desidentidad:
sociedad castrada por inadaptada.
Tenemos compromisos para la acción
devastadora de los brazos que mueven
los motores del cuerpo social caído.
Las personas son sexo y trabajo activo;
todo lo otro resimboliza lo onírico.
¿Dónde está el sexo y el trabajo, comunal?
¿Vale desplazar apetitos de guerra?
Veremos...
La Pupila de la Muerte
Nos convoca el tema que nos aleja
de lo que vemos con la mirada de todos los sentidos.
Hay un lugar en donde la muerte no existe,
el ser no puede morir porque no sería ente.
La muerte no puede morir, la vida no logra vivir.
“Sabemos” que la muerte está
pero no la vemos ni la queremos. Como si fuera Dios.
La muerte es Dios; Dios no puede vivir porque no puede morir.
Y el dios de Nietzsche es un instante después, no ya.
¿Acaso lo que no es puede ser? La velocidad
es la clave para atravesar los días.
La mirada ajena ya no nos puede ver. Ni concebir.
(Si escribo demasiado rápido para tus cansados ojos, detenme –¡OH!– lector)
Porque si descendemos más de una vez para mojarnos con la misma fétida
corriente, la estructura de Apolo nos invade.
Ahí se esconde la mística oscuridad:
(“¡No nos pongamos místicos, desarmémonos!” dijo el profesor. ¡¿Qué?! Escatología.)
Nos deshonra el involucramiento
en un mundo de penurias, de ocultamiento.
La medida de los humanos, es el destino del ser trastornado
en tinieblas sagradas de poesías naturales.
Arriesgar es poner en juego al ser, ser y riesgo,
donde el centro está en todas partes.
Así es como no hay lugar para lo abierto porque el total está necesariamente cerrado:
no podemos entrar si todo está adentro del Aleph ilimitado.
Si hay riesgo hay ser y hay deseo y hay desprotección,
y la falta de protección es arriesgar la creación,
superada por el ángel del corazón.
La cuestión se genera cuando hay Otros,
para que el arriesgar sea común, surge el lenguaje,
donde nos arriesgamos en la producción de, y ante, los Otros.
Esta cuestión vuelve del futuro “predestinado” hasta que se arriesga
y se complejiza en la relación con el tiempo pretérito.
Y la muerte, entonces, solamente puede ocurrir en el pasado.
Toda muerte con miedo es Auschwitz; si no, es sin miedo.
Pero como no hay testigos: los cronista mienten. Arendt se pierde en manifestaciones
sin publicar.
Si es que “puede” ocurrir…

De Lirios y Hormigas
Todo relato es un conjunto de signos significantes
que se unen en un sentido integral y continuo, o no.
El mundo se deconstruye como un juego:
un juego competitivo de pocas reglas, reglas que crecen,
que “crecen como un árbol”, con una estructura “arbórea”;
con una estructura arraigada y con una copa social.
Rompecabezas social. Pedazos sociales. ¿Ocurre el árbol? ¿Ocurre algo? ¿Ocurre?
Una formación social, con su cartografía bien diagramada.
Diagramas que “no permiten” la fuga. Un Estado capturado
por la racionalidad dominante. Hay que entender, o no,
la multiplicidad de planos que abren la puerta de fuga.
Todo lo que se consiste en lo diverso y atemporal rompe
el dilema entre el caos y el orden. Tabla rasa lisa.
Las estrías del aparato de captura señalan las grietas de la guerra.
La guerra maquinada en la construcción humana
es contra-instintiva y contra-natural, en tanto “construcción”.
Ciencia o guerra, modernidad presa o desorden estriado.
Entonces, el relato. El no relato anti-fundamentado.
Metamorfosis estructurada de mariposas irresolutas que no
logran la negación de sus gusanos días.
El cuento sin orígenes, la multiplicidad única y organizada
sin patrón ni criterio que la haga funcionar.
Pero, ¿y el afecto? ¿Se rompe con el deseo?
El no relato no cierra la no evidencia contra empírica
de deconstruir el incosciente, lo no consciente.
La estructura tacha las negaciones, pero subterráneamente
las negaciones afirman y se confirman. Son inexpugnables.
El lenguaje es necesario, aunque no existe, aunque es indestructible.
Este juego se juega jugando a formular y construir juegos de reglas.
El juego es una cinta de Moebius, infinita y sin perspectiva;
El juego no puede jugarse en un no escenario natural
de los deseos desterritorializados. Jugar o juzgar en los umbrales; peligro intermedio.
Forjar un Camino
La soledad es un lugar extraño,
tan extranjero como un sueño.
La fiebre es un síntoma, una evidencia:
la soledad es una enfermedad, de la experiencia.
Toda enfermedad –personal o social–
está en nosotros, en tanto individuos o comunidades.
No hay diferencias. La actitud involucra la filosofía
de nuestros pensamientos; no hay límites entre lo inconsciente y lo consciente,
entre lo que vemos y lo que no, entre la verdad y lo demás,
entre dormir soñando y vivir realizando.
La verdad, la realidad es creada por todos
los acontecimientos que se van sintetizando
envueltos por estructuras invisibles de sueños y pensamientos.
Lo real y lo irreal es lo mismo: sólo hay que abrir los ojos.
Asociación ilícita
Si una palabra puede dar vida a la rosa de Schopenhauer,
ese sonido significante transforma lo onírico
en forma. La esencia no es el sonido, la materia
es hábitos éticos desvalorados en el tiempo.
Lo sagrado quiere impregnarnos de agrado. Desagradable
en nosotros, aquellas palabras insuperables, como la marca
de los 9 segundos para los 100m llanos; ni el Tigre
de los Llanos puede vencer algunas marcas
como Coca-Cola o Microsoft que son empresas duras,
no suaves como los ositos de peluche importados: si los Hados
lo permiten, las comparaciones pueden incluir hadas o dados.
Dame dos dijo el vaquero, que no podía disimular su pierna
de palo, como la del pirata del tesoro de un solo ojo
de cada lado de la cara, a diferencia del cíclope,
al que quiere cabecear un unicornio. Que no es azul, y no está perdido.
Obvio.
La Dicotomía
Joyce es una lengua extranjera, en todos los idiomas.
Especialmente en inglés.
“¿Qué vientos de locura, que soplo psicótico
se introduce de este modo dentro del lenguaje?”
Joyce me explicó la belleza de la luna. Al decir “mujer”. ¿Me explicó? No entendí.
¿Me explico?
Buridan en sus anoréxicas elucubraciones
pierde los pies, pierde la tierra; se aleja de la gravedad
natural. Como el traductor, que detiene su labor, su trabajo y sus acciones
cuando quiere traducir el Aleph.
Demolición, reestructuración. Ambivalencias posmodernas.
Juicio: Yo vs. una paloma que hizo nido en una maceta
del balcón. ¿Por qué eligió mi maceta?
Detesto las palomas, pero las palomas (en tanto individuo palomar) no me hicieron
nada. Esta paloma va a vivir (con todo el poder que yo tengo sobre esta paloma)
pero el sistema palomario es nefasto y vamos a terminar sus instituciones para siempre.
“Sombras de nosotros mismos.” Ataquemos con linternas. Giran las ruedas de la ida, sin relación a ningún eje.
Aliso mis ideas; el horizonte
gobernado por fervientes anhelos,
une con el cielo de mi esperanza
sólo a quien me regala este presente
tan derramado de placeres reales.
[1] Sin embargo, hay que destacar que la inmortalidad de Joyce está asegurada. Y quien firma este trabajo, ni se propone ni quiere ni puede, competir con él.
[2] El símbolo * significa que son selecciones de la materia Política Virtual, Cátedra Russo; para más datos bibliográficos referirse al programa de la materia. Obviamente, dadas las características del trabajo, deberían incluirse todos los títulos de mi biblioteca. En vez de esto, sólo se menciona la bibliografía directamente relacionada con la obra. Si alguna oración recuerda alguna frase de algún escritor o filósofo, que no se encuentra oportunamente citado, téngase en cuenta la petición de principios que declara que todo está sugerido.